Veranillo


Los vencejos se han ido y nadie sabe cómo ha sido. Se supone que ni ellos mismos lo saben. Se han ido y ya está. Un impulso se activa en sus pequeños cerebritos, quizá una lucecita que se ilumina en la cabina de mando...

Después que ellos se marchan, bajan las temperaturas, caen tormentas y nos adentramos en el Otoño y la mayoría de nosotros volvemos a las actividades. Disponemos de un voluminoso cerebro, el mayor que ningún animal de la creación haya llevado jamás, así que se espera de nosotros que hagamos muchas cosas y pensemos en muchas más...

Sin embargo las temperaturas han subido y parece que toda vaya en dirección contraria. Hoy he despedido a mi hijo en camiseta de tirantes a las ocho de la mañana -era su primer día de instituto- y después he acudido al trabajo con bermudas y chancletas, claro que soy el jefe y nadie me va a llamar la atención, pero no es plan
La sociedad tiene un nombre para esto: el veranillo de San Martín. Una anomalía meteorológica que no afecta para nada a los vencejos.
Cuando llega la hora de emigrar, cuando esa lucecita se enciende en su cabina de mando, se reúnen, efectúan vuelos rasantes sobre la tierra y el mar durante algunos días y luego se van, caiga quien caiga. Y entonces, de algún modo, consideras que también tú tienes que activarte...
Y pese a que no cabe duda de que los últimos vencejos ya se han marchado -hace más de un mes que les vi efectuar sus vuelos rasantes- a algunas personas les cuesta asumir esto y se muestran demasiado contemplativas y reticentes durante estos días. 

Este año el pequeño comienza su etapa en el instituto con doce años y apenas cuarenta kilos de peso con que le van a jorobar la espalda de no cargar su padre con los libros.
He oído en la radio ciertas recomendaciones: que el peso total de la mochila no exceda el 15 por ciento del peso del niño se pongan los libros gordos cerca de la espalda pero...
¿no sería mejor digitalizar el contenido de los libros como se propone en la Escuela 2.0? Para eso hace falta tener un minicomputador portátil. Hace años ese computador costaba doscientos cincuenta euros. Menos de lo que nos han costado sus libros para este curso. La actualización de esos mismos libros ha costado diecisiete euros en algunas colegios donde los niños ya tienen computadores portátiles.
En la Comunidad Valenciana sus dirigentes políticos alegaron en su día que ese computador podía causar ceguera a los niños. Los cientos de horas de las consolas y televisores no pero el computer del cole si.
Detrás está también el mercado del libro de texto, un pingüe negocio que se iría al traste. Mucha más gente al paro.
¿Qué es peor, que se vaya a la mierda el mercado del libro de texto o que se joroben las espaldas de varias generaciones de niños? Esta es una cuestión para voluminosos cerebros...

La semana pasada cayó una tormenta, jodió las líneas de teléfono en la empresa. Ya está arreglado pero habrá que cambiar la centralita, nuevos gastos... todo esto te ayuda a entrar en materia.
Parecía que habían llegado las tormentas pero ahí se quedó Y hemos vuelto al veranillo. 
Yo sigo yendo a nadar. Ayer mismo a las ocho de la tarde nadé envuelto por una puesta de sol impresionante. Esto no ayuda a entrar en cruda realidad otoñal
Una sensación de culpa todavía flota sobre la consciencia. La culpa es burguesa y se acumula durante las vacaciones y se proyecta sobre la cruda realidad durante el veranillo de San Martín, los días del Martín pescador 

Una cosa fascinante de los vencejos es que se pasan la vida volando, hasta duermen volando. No les gusta perder el contacto con el aire. Si toman contacto con la tierra les cuesta muchísimo volver a enlairarse...
Estoy dándole vueltas a esto


4 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Te juro que llevo años (mucho antes del libro electrónico) pensando por qué narices no se podrán publicar los libros en fichas, y así podrían llevar poco más de un archivador con las fichas de cada día ¿Como mucho 5?

Se ve que es una idea muy loca.

Oye, lo de que te puedes quedar ciego mirando el ordenador es como lo que nos decían de ponernos muy cerca de la tele ¿no?

Ah, lo de las migraciones es una pasada ¿cómo se comunicarán para decir "Bueno, que nos vamos, todos a una Fuenteovejuna"?

Y lo que es más asombroso para un ser humano ¿Cómo se ponen todos de acuerdo?"

Ronronia Adramelek dijo...

Todo en un libro electrónico, así tendrían que llevarlo. No dañan la vista ni la cansan, nunca se olvidarían ningún libro en casa ni en clase, es posible subrayar en ellos pero si luego lo tiene que usar el hermano mayor, se les borran las anotaciones y en paz y, además, es posible realizar búsquedas.

¿Es cierto que los vencejos duermen en vuelo porque si aterrizan luego no son capaces de remontar el vuelo salvo que lo hayan hecho en algún sitio elevado del que se puedan tirar como los parapentistas?

Uno dijo...

Pobres crios arrastrando la maleta desde pequeñitos como pequeños ejecutivos de aeropuerto.
Lo que mas me ha gustado de tu entrada debo confesarlo no son tus agudos comentarios sobre las actitudes veraniegas en tiempo otoñal sino eso de "enlairarse"
Eso es una paraula ¿no?

Un abrazo

SRO dijo...

Loque, puede que no sea una idea loca: muchos escritores trabajan así, con fichas. Pero te aseguro que mi hijo las perdería todas una por una

Ronro, es tan sencillo y tan práctico eso que dices y tan sensato que por esa misma razón no sé si se llevará a cabo. Debe de ser por nuestro voluminoso cerebro

pues sí: es una paraula
estuve buscando una equivalente en castellano pero desistí porque
primero: me gusta la palabra
y luego: que no la encontré

un abrazo a los tres