Las medusas y la prima de riesgo


al final lo de las medusas no fue para tanto. Los animales con los que me crucé y en alguna ocasión me rocé no tenían tentáculos por lo tanto no podían picarte. Podían definirse como pólipos gelatinosos y blanduscos al tacto 

Eso me hace nadar con aprensión pues aunque intento evitarlo reconozco que el más mínimo roce con alguno de esos bichos mientras estoy nadando aunque sea un segundo con alguna parte de mi anatomía, la mano o el pie me hacen saltar de inquietud y aprensión deteniendo abruptamente por unos instantes mi "armonioso" estilo 

Mi pensamiento agarrotado a causa del tema no pudo conseguir ese "fluxus of conciencious" que a veces me acompaña durante toda mi singladura y fue saltando de un tema a otro en un estado de suspicacia hasta que al fin cuando iba nadando de espaldas y ya tenía tres cuartos de playa recorridos y empezaba a soltarse mi mente...
una de mis manos chocó con algo y luego mi otra mano y me detuve bruscamente. No era algo blando y gelatinoso sino terso y plasticoso como un sedal...quise librarme avanzando pero me topé con otra y acabé enredado entre dos líneas...
al mirar hacia la costa descubrí a un pescador que agitaba los brazos y quizás gritara: eh! pues yo no podía oírle bien desde donde estaba. Había otro detrás de él que atendía las cañas.
Eso significaba que o bien yo nadaba demasiado cerca de la costa o ellos eran capaces de lanzar muy fondo
Esta es una de las razones de que nade tan alejado de la orilla: los pescadores que aparecen por la playa al atardecer después que se marchen los bañistas pero Justo cuando yo voy a nadar.
Desconozco los derechos de unos y otros, pero no creo que los pescadores tengan prioridad en una playa sobre los nadadores.
Dejando el tema ahí me alejé mar adentro con unas potentes brazadas de crol y volví a mi estilo de espaldas hasta completar la mitad de mi periplo.


Ahí me detuve unos instantes, antes de iniciar el regreso, flotando en posición vertical con la ayuda de unos mínimos movimientos. Contemplé la extensión de agua que me rodeaba bajo un cielo raso de una débil luminosidad.
El agua estaba calenturienta y es por eso que acuden las medusas o sus parientes los pólipos gelatinosos al final del verano, pero es mejor no pensar en eso si puedes...
Volví nadando crol con el cortado entre ceja y ceja. El oleaje no era mucho lo que me permitía ir girando el cuello alternativamente a la izquierda y a la derecha y así no tener que meter mucho la cabeza bajo el agua donde una oscuridad creciente espesaba el agua en torno de mi cuerpo y lo que te pudieras encontrar aparecería de pronto sin posibilidad de reacción
Al pretender nadar cada vez más fuerte noté la falta de entrenamiento y el efecto provocado por el exceso de comidas y bebidas del verano.

Cuando me secaba no pude dejar de sentir una satisfacción mayor que otras veces por la misma actividad pese al bajo estado de forma e incluso un poco de alivio a la vez que algo de satisfacción por cumplir una pequeña hazaña cotidiana. En un contexto menos romántico creo que llevaría añadida una prima de riesgo
.
.

­

2 comentarios:

Uno dijo...

Qué envidia me da tu "singladura". Me gusta mucho nadar pero ya no soy capaz de hacer ni dos largos seguidos en la piscina. Por eso en el mar ya no me atrevo a adentrarme demasiado. Pero una vez lo hice y hoy me lo has recordado. Aunque cuando yo lo hacía no había tantos "riesgos".

Un abrazo

SRO dijo...

Uno
ya sabes que en el Mar flotas mejor y te deslizas con más facilidad
A mí la alergia me impide nadar en la piscina aparte de lo poco que me gusta
No hay nada como la playa, a pesar de los "peligros"

Un abrazo