Entre dos mares


ahora vengo de nadar
el agua estaba caliente y el mar algo encrespado, como a mí me gusta
Cuando llegué a la playa, mi piscina particular, una pequeña bahía de unos doscientos metros de ancho ya era tarde. La luna lucía ya sobre un cielo sin nubes, oscuro y brillante excepto por el Oeste, donde un Sol oculto tras las montañas, enviaba chorros de luz crepuscular por encima de edficios y palmeras tiñéndolo de rojos azules y violetas.

No había nadie ni en el agua ni en tierra firme. Sólo un par de adolescentes sentadas sobre el muro construido para proteger de los embites de los temporales a las casas construídas demasiado cerca de la playa. Sólo ellas pudieron verme descender por la herrumbrosa escalera hasta la estrecha franja de cantos rodados, ponerme las gafas y meterme en el agua. 

me alejé de la orilla nadando vigorosamente entre dos balsas de desperdicios. Veía mi mano adelantarse bajo el agua y perderse en la oscuridad del fondo. Las olas se estrellaban contra mi rostro cuando sacaba la cabeza del agua.
Cuando estaba ya a unos treinta o cuarenta metros, me puse a nadar en paralelo a la costa. 


Fui, como siempre, nadando de espaldas, subiendo y bajando con las olas. Algunas pasándome por encima. En esos momentos me siento pasajero y buque a la vez.
En algún momento vi pasar una bandada de aves a mucha altura en el cielo azul oscuro cruzando por delante de la luna.
Regresé nadando crol sin perder de vista el cortado que me sirve de referencia Las olas cruzaban por delante de mí formando ondulantes montañas de agua.

Cuando salí del agua mi piel brillaba con una luz cobriza muy favorecedora y un destello de vanidad me hizo mirar hacia donde estaban las chicas. Tenía el pecho hinchado, los hombros levantados, la barriga metida... Pero ellas, enfrascadas en su conversación ni se percataron de mi presencia.
Me deshinché, me sequé y me fui. 

Durante el camino de regreso a mi casa: el torso desnudo, las ventanillas del coche abiertas, vine pensando que al llegar a Galicia, el agua del Atlántico  estará tan fría o más que cuando inicié aquí la temporada de baño allá por el mes de Mayo y la climatología, en fin!, ya veremos.
También tendremos algo más de una hora de luz. Prácticamente, otro huso horario
y pensaba todo esto porque el viaje es inminente. Mañana, trazando una diagonal en el mapa nos llegaremos hasta Galicia para pasar lo que queda de Agosto. Otro mar, el atlántico, otra costa, otros paisajes, otro clima.
esto quiere decir que ya nos veremos después de Agosto o mejor dicho nos leeremos 
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4 comentarios:

Alforte dijo...

Qué bien has descrito esa sensación que produce nadar en el mar, por un momentos me has hecho sentir que era yo el que daba esas brazadas entre las olas!!!!
Feliz viaje, disfruta y descansa!!!!

loquemeahorro dijo...

Te envidio, me encanta el Mediterráneo, pero Galicia, ay, Galicia.

¡Pásalo bien!

Uno dijo...

Me encanta Galicia pero no puedo bañarme allí. Ya Málaga me parece el ártico...
En la piscina climatizada de mi gimnasio, donde el agua siempre está 5 grados por debajo de mis deseos y además no permiten tirarse al agua de cabeza, un compañero que obserbaba mi sufrir para entrar en el agua me dijo. Qué poco estilo tienes entrando.
Deberías verme entrar en el Caribe, le dije, hasta me aplauden entrando al mar.
Pero qué rico es el pulpo. Que lo disfrutéis.

SRO dijo...

Al, no me extraña esa sintonía marina. nos zambullimos en el mismo mar sólo que unos kilómetros más abajo, o arriba, según se mire. Ahí al lado, mejor dicho

Loque, tú estás equidistante de ambos mares, aunque eso no consuela mucho, ¿no? ¿Dónde has pasado tú tus vacaciones? ¿a orillas de uno de los dos?

Uno, ya lo debes saber tú que Galicia tiene algunas playas de arena blanca y fina como las del Caribe. Y este año el agua no estaba tan y tan fría. Sólo estaba fría

Gracias a los tres. Se ha disfrutado, descansado y comido pulpo